La incidencia del transporte en el consumo de energía y la contaminación atmosférica es enorme. Esta incidencia podría reducirse en gran medida, con consecuencias altamente beneficiosas, no sólo para el medio ambiente, sino también para nuestra salud, si nos transportásemos de una manera más racional.
Las emisiones de CO2 representan el 55% de los gases bombeados a la atmósfera por la actividad humana. Cada año se producen 5.000 toneladas de este gas de las que casi la mitad son debidas al transporte.
En cada momento hay que evaluar cuál es el método de transporte más efectivo y más racional para nuestras necesidades. Calculemos el tiempo real empleado por cada medio de transporte, el coste económico que tiene cada uno, las comodidades o molestias que ofrece (pensemos en el stress de los atascos, el tiempo empleado en la búsqueda de un aparcamiento, el coste del “parking”, las multas...).
Por eso te recomendamos: