Cualquier lesión o tumoración de la región faringo-laríngea que no responde a tratamiento médico ha de extirparse o biopsiarse para diagnosticar o descartar procesos malignos y para explorar su extensión. Si existe una franca sospecha de que la lesión es benigna la opción a la cirugía es no operar o intentar, en algunos casos, la extirpación por fibroscopia, que también entraña sus riesgos y un porcentaje menor de correcta extirpación.