A pesar de la introducción en las dos últimas décadas de numerosos nuevos fármacos antiepilépticos, aproximadamente un 30-40% de los pacientes con epilepsia tienen crisis que no pueden ser controladas con medicación. En la actualidad, como consecuencia de la continua mejora de las técnicas diagnósticas y de los avances de la microcirugía, la cirugía constituye la opción terapéutica de
mayor efectividad y eficiencia para aquellos pacientes con epilepsia refractaria al tratamiento médico, con una posibilidad de cese de las crisis en el 50-80% de los pacientes operados[1],[2],[3]. Las complicaciones, incluidas las infecciones y el déficit neurológico no esperado, ocurren aproximadamente en el 6% de los pacientes, pero en la mitad de los casos son transitorias[4]. Dado que
la cirugía es realmente el único tratamiento que cura la epilepsia, y dado que el control de las crisis puede impedir las consecuencias psicológicas y sociales de la epilepsia y evitar el retraso del desarrollo en algunos niños con crisis, su utilización precoz ofrece la posibilidad de
rescatar al paciente de una vida con incapacidad[5].