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Salud laboral

TRABAJO

”Aplicación de la capacidad mental y física del individuo a la producción de bienes y servicios; esfuerzo encaminado a la obtención de satisfacciones distintas a las inherentes al propio trabajo”.

Esa aplicación de capacidades se desarrolla, por lo general, en empresas (o en centros de trabajo) en la que se combina con las condiciones ambientales (frío, calor, ruido, etc.), con las instalaciones, maquinaria y herramientas, y con las capacidades de los otros trabajadores.
Como consecuencia del trabajo puede ocurrir que la salud (estado de bienestar físico, mental y social completo y no meramente la ausencia de daño o enfermedad), la integridad física, o ambas, del individuo se menoscaben; cuando esto acaece nos encontramos con el fenómeno de la siniestralidad laboral. Este fenómeno no es nuevo, y ya desde antiguo se viene manifestando por diversos autores la necesidad de estar atentos en orden a evitar consecuencias nocivas derivadas del trabajo; como texto más remoto de los conocidos se puede citar el Código de Hammurabi (Babilonia, siglo XX a. de C.) en el que se advertían, esculpidas en piedra a la entrada de las ciudades, normas a seguir por los propietarios de animales en los que se portaban mercancías, ante el peligro de que provocasen daños para las personas o bienes propios y ajenos.
La siniestralidad laboral abarca varias clases de daños derivados del trabajo.

La normativa entiende como accidente de trabajo “toda lesión corporal que el trabajador sufra con ocasión o por consecuencia del trabajo que ejecuta por cuenta ajena”. Vemos, pues, que la Ley considera accidente no sólo al derivado directamente del trabajo (causalidad funcional), sino también al producido con ocasión del trabajo (causalidad ocasional). Diversos estudios estadísticos señalan como causas principales de los accidentes de trabajo el manejo de objetos y herramientas (25%), las caídas (18%), y la manipulación de maquinaria (10%), localizándose las lesiones principalmente en las extremidades tanto superiores como inferiores.
Junto al accidente de trabajo, de carácter súbito y violento, aparece el concepto de enfermedad profesional, pues el trabajador está expuesto a la posibilidad de sufrir trastornos patológicos de carácter lento vinculados en su origen a las características y circunstancias del trabajo realizado.
Dentro de la siniestralidad laboral también se contemplan los incidentes (o accidentes en blanco) cuya particularidad consiste en que no causan lesiones al trabajador aunque sí daños y averías a herramientas y/o maquinaria, que conviene reparar cuanto antes para evitar otras consecuencias más graves.
Por último, la C.E.E. emitió una Directiva, que en España se materializó en el R.D. 886/1988, en el que se define el accidente mayor como “cualquier suceso, tal como una emisión, fuga, vertido, incendio o explosión, que sea consecuencia de un desarrollo incontrolado de una actividad industrial, que suponga una situación de grave riesgo, catástrofe o calamidad pública, inmediata o diferida, para las personas, el medio ambiente y los bienes, bien sean en el interior o en el exterior de las instalaciones, y en que estén implicadas una o varias sustancias peligrosas”.
Atendiendo a la naturaleza u origen de los factores de riesgo laboral, se pueden distinguir varias clases:

  • Riesgos provocados por agentes mecánicos.
  • Riesgos provocados por agentes físicos.
  • Riesgos provocados por agentes químicos.
  • Riesgos provocados por agentes biológicos.
  • Riesgos provocados por la carga de trabajo.
  • Riesgos ocasionados por factores psicológicos y sociales.

1).- Riesgos por agentes mecánicos.

El ambiente mecánico de trabajo lo forman las áreas o espacios de trabajo, así como las máquinas, herramientas, y demás objetos presentes durante el trabajo.

En el espacio de trabajo se puede destacar, entre otras, el estado de los suelos, las dimensiones de pasillos y puertas, la abertura de huecos en ventanas, el estado y dimensiones de las escaleras, etc. De las máquinas y de las herramientas, sus partes móviles, el apilamiento, el transporte, etc.
Entre los efectos que producen se pueden destacar las caídas, el aplastamiento, los cortes, los enganches, el atrapamiento, los impactos, las fricciones o abrasiones, la proyección de partículas en ojos, etc.

Las lesiones que suelen producirse son contusiones, pequeños traumatismos, heridas, hematomas, etc., que se encuadran, generalmente, como accidentes de trabajo.

2).- Riesgos por agentes físicos.

En el ambiente físico del trabajo coexisten una serie de riesgos provocados por agentes como el ruido, la iluminación, el calor y el frío, la electricidad, etc. que vamos a estudiar algunos de ellos de manera individual.

2.1).- El ruido.

El ruido es todo aquel sonido molesto y no deseado, por ello la sensibilidad ante el ruido varia de unos individuos a otros.
Suelen distinguirse entre ruido continuo, discontinuo, de impacto, y encubridor. Los efectos que causa dependen de tres factores: de su intensidad, de su frecuencia y de su molestia.
El ruido produce lesiones fisiológicas como rotura de tímpano, sordera, aceleración del ritmo respiratorio, aumento del ritmo cardíaco, etc. También puede producir lesiones psicológicas como agresividad, ansiedad, disminución de la atención, etc. A consecuencia de estos trastornos pueden provocarse accidentes que deriven en otras lesiones.
Sólo la sordera profesional se encuadra como enfermedad profesional; otras lesiones se consideran accidentes de trabajo.


2.2).- Las radiaciones.

Como la energía se presenta y transmite de formas muy distintas, las radiaciones son una forma más. Destacan porque pueden desplazarse de un punto a otro a través del vacío. Su origen puede ser natural o artificial.

Las radiaciones ionizantes son las más energéticas por lo que su capacidad de incidir sobre las materias es mayor, sin que nuestros sentidos las perciban, de ahí que sean las más peligrosas, y están presentes en trabajos como laboratorios, microscopios electrónicos, radiología en hospitales, centrales nucleares, etc.
Las radiaciones no ionizantes implican un peligro notablemente inferior, y se producen en trabajos como telegrafía, telefonía, artes gráficas, fotografía, etc.
Las radiaciones ionizantes pueden producir lesiones a corto plazo como náuseas, fatiga con posibles vómitos, etc., pero a largo plazo pueden hacer desarrollar cáncer de piel, de pulmón, de hueso o de médula ósea, esterilidad, malformaciones hereditarias, etc. Las radiaciones no ionizantes provocan lesiones oculares como conjuntivitis o cataratas. Todas las lesiones se encuadran como enfermedad profesional.

2.3).- La iluminación.

La luz es una radiación electromagnética que percibe el ojo humano. Cada trabajo requiere unas condiciones de iluminación específicas desde la natural hasta la artificial; como la natural varía a lo largo del día, prácticamente todos los trabajos requieren iluminación artificial.
Aunque el ojo humano se adapta con facilidad al déficit de iluminación, si estas condiciones persisten, comienzan a aparecer molestias. Si por el contrario se produce un exceso de iluminación, también se pueden producir lesiones.

Las lesiones pueden ser por un lado oculares como irritación en los ojos, el cansancio visual, y de otro no oculares como el dolor de cabeza, pudiendo darse otras lesiones derivadas a su vez de accidentes provocados por una mala iluminación. Las lesiones, probado su origen laboral, se encuadran como accidentes de trabajo.

2.4).- El calor y el frío.

El cuerpo humano ha de mantener, normalmente, una temperatura de unos 37º centígrados; sí con motivo del trabajo aumenta, el propio cuerpo se autoregula mediante la transpiración, y si disminuye se autoregula mediante la combustión de grasas.
El confort térmico está determinado por cuatro factores: 1) por los intercambios de cada individuo y el media ambiente a través de la piel, 2) por las condiciones ambientales, 3) por la intensidad física del trabajo, y 4) por el tipo de vestido que se utilice.
Cuando con motivo de las condiciones del trabajo el cuerpo se somete a un incremento de su temperatura, se pueden producir efectos fisiológicos directos y trastornos de conducta que generan fatiga y pueden ser fuente de accidentes como resfriados, deshidrataciones, afecciones abdominales, etc. Si  el incremento es muy brusco pueden producirse náuseas, pérdida de consciencia, incluso efectos irreversibles como lesiones cerebrales. Si por el contrario se experimenta un descenso de temperatura, los efectos pueden provocar edema pulmonar, paradas cardíacas, etc. y ser críticos si de desciende de 32º centígrados. Probada su relación con el trabajo, se encuadran como accidentes laborales.

2.5).- La electricidad.

Cuando se entra en contacto con la electricidad los efectos sobre el organismo dependen tanto de la cantidad de corriente como de la resistencia que ofrezca cada individuo y su entorno.
Los tipos de contacto pueden ser directos (p.e. tocar un cable conductor) e indirectos (p.e. tocar partes metálicas de máquinas sobre las que circula corriente), pero también puede ocurrir que al sufrir un contacto salgamos despedidos y nos golpeemos, caigamos al vacío, etc. provocando otros accidentes.
Los contactos producen quemaduras, asfixia, paros cardíacos, conmoción y muerte. Todas las lesiones se encuadran como accidentes de trabajo.

2.6).- Los incendios y explosiones.

Los incendios consisten en la presencia de fuego incontrolado. Para que exista fuego han de concurrir cuatro factores: 1) que exista un combustible (sólido, líquido o gaseoso), 2) que exista un comburente (el más común es el oxígeno que se encuentra en el aire), 3) que haya un foco de calor suficiente para producir fuego, y 4) que se desarrolle una reacción en cadena.
Las explosiones pueden ser causadas tanto por explosivos comerciales como por la concentración de ciertos vapores, gases, y polvos en el aire que entran en contacto con fuentes de ignición como una llama no resguardada, un equipo eléctrico en mal estado, un cigarrillo encendido, etc.
Los incendios y las explosiones pueden producir efectos muy graves tanto para las personas como para los bienes y el medio ambiente. Producen intoxicaciones, asfixia, quemaduras, y muerte, aunque también, indirectamente, pueden producir traumatismos, heridas, etc, debidos a desprendimientos de pisos y paredes y proyección de elementos. Los efectos se encuadran dentro de los accidentes de trabajo.

3).- Riesgos por agentes químicos.

Los contaminantes químicos son sustancias constituidas de materia inerte que están presentes en el aire en forma de gases, vapores, aerosoles o nieblas. Pueden penetrar en el cuerpo humano por vía respiratoria (nariz, boca), por vía dérmica (piel), por vía digestiva (boca), y por vía parenteral (heridas, llagas).
Los productos tóxicos pueden provocar distintos efectos en el organismo tales como corrosivos (destrucción de tejidos), irritantes, neumoconióticos (alteración pulmonar), asfixiantes, anestésicos y narcóticos, sensibilizantes (alergias), cancerígenos, y sistémicos (alteraciones de hígado, riñón, etc.)
Se debe señalar que cuando se producen enfermedades de la sangre, aparecen generalmente al cabo de 20 o 30 años de haber tenido contacto con la sustancia tóxica.
Todas las lesiones se encuadran como enfermedades profesionales, pero si no están tipificadas o resulta difícil probar su origen laboral, lo harán como accidentes de trabajo.

4).- Riesgos por agentes biológicos.

Los contaminantes biológicos están compuestos por seres orgánicamente vivos pertenecientes al mundo animal o vegetal.

Los grupos en que se clasifican son: 1) bacterias, 2) protozoos, 3) virus, 4) hongos, y 5) gusanos parásitos.
Existen en trabajos tales como el cuidado de ganado, manipulación de despojos de origen animal, cementerios, laboratorios clínicos, hospitales, manipulación de residuos, minería, excavaciones, con aguas contaminadas, etc., y penetran en el cuerpo humano por diferentes vías causando enfermedades de tipo infeccioso y parasitario.
Pueden producir fiebres, tuberculosis, paludismo, brucelosis, tétanos, etc., y todas estas se encuadran como enfermedades profesionales.

5).- Riesgos provocados por la carga de trabajo.

La carga de trabajo suele identificarse sólo con la cantidad de este, pero existen otros factores como las características de cada persona (edad, sexo, constitución, etc.), el mayor o menor esfuerzo físico o intelectual del trabajo, y el confort del puesto de trabajo.
Tanto cuando el trabajo es permanente en posición de pie y sin desplazarse, como si se trabaja encorvado, o como si trabajando de pie se realizan movimientos y esfuerzos físicos, se pueden producir lesiones como varices, lesiones de espalda, contracturas musculares, trastornos gastrointestinales y cardiovasculares, etc.
Cuando la actividad laboral se caracteriza por su carga psicológica, se pueden ocasionar trastornos del comportamiento y estados de fatiga nerviosa como irritabilidad, depresión, insomnio, anorexia, etc.

Todos los trastornos descritos se encuadran, según el caso, como enfermedades comunes, como accidentes de trabajo o como enfermedades profesionales.

6).- Riesgos por factores psicológicos y sociales.

Los individuos poseen unas características personales y sociales que les hacen responder de distinta manera a las exigencias de su trabajo, y, por su parte, cada empresa demanda conforme a su tamaño, actividad, ubicación, etc.   Entre las exigencias laborales que provocan una respuesta parecida por los trabajadores están: la jornada de trabajo, la turnicidad, el grado de autonomía, el estilo de dirección, los niveles de formación, información y participación, etc.
Cuando los trabajadores no se adaptan a las exigencias de su empresa suelen aparecer alteraciones en el equilibrio biológico y social de los que surgen comportamientos capaces de producir accidentes. Estos comportamientos pueden ser activos (quejas, huelgas, retrasos, etc.), y pasivos (indiferencia, apatía, ansiedad, inseguridad, etc.), provocando, fisiológicamente, insomnio, fatiga, trastornos digestivos y cardiovasculares, etc., y psicológica y socialmente, irritabilidad, cefaleas, obesidad, trastornos sexuales, hábitos de alcoholismo y drogadicción, que degeneran en violencia e incluso suicidios. Los trastornos provocados se encuadran como enfermedad común o accidentes de trabajo.

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