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La mejor decisión: dejar de fumar


Por Alberto José Ruiz Maresca, Unidad de Apoyo del Tabaco
Distrito Sanitario Granada

La entrada en Vigor de la LEY 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco viene a intentar cambiar sustancialmente la percepción sobre el hábito de fumar. Así, esta Ley está en contra de la sustancia, y no de los consumidores de la misma, y subyacente ante todo, y como pilar que la sustenta la necesidad de dar prioridad al derecho a la Salud sobre la Enfermedad.
Este artículo, con independencia de la vigencia o no de la Ley intenta dirigirse a las personas fumadoras que se han planteado en ocasiones cómo pueden dejar de fumar, lo han intentado algunas veces e incluso estuvieron alguna temporada sin fumar.
Antes de exponer y concretar las medidas que pueden ayudar a la persona que está en fase de contemplación, es decir que contempla la posibilidad de dejar de fumar, asumiendo un cambio que transforma la intención en una decisión, es preciso que la persona fumadora sepa que no existe una barita mágica que nos permita dejar de fumar. Asumir esto supone saber que abandonar el consumo de tabaco, cuesta y exige un esfuerzo físico y mental y que la propia persona es el principal agente activo para lograr dicho cambio.

LA IMPORTANCIA DE LA DECISIÓN

La necesidad de afianzar la decisión de dejar de fumar, sobre cualquier otra decisión supone valorar en toda su intensidad lo que supone dejar de fumar, no es una tarea fácil o simple. En este proceso, la persona deberá cambiar distintas creencias asumidas como verdaderas en su historia de persona fumadora. El cambio de dichas creencias, supone además el encuentro con ciertos miedos o temores que casi siempre la persona fumadora ha pensado, pero a los que nunca se ha enfrentado.
Este proceso reflexivo, supone además de valorar cuáles son las razones que pueden variar nuestras actitudes y proporcionar nuestro cambio, reconocer porqué queremos dejar de fumar. Lo anterior supone el reconocimiento explícito de que el tabaco no ha aportado en la vida de la persona fumadora, lo que durante años la persona fumadora creía.  No sólo eso, implica también el reconocimiento implícito, o no del todo consciente, de una dependencia física y psíquica a una sustancia que con apariencia social, ha generalizado su consumo al 90 por ciento de las cosas que la persona fumadora hace durante un día cualquiera de su vida. Por tanto, la persona contempla en este primer estadio reflexivo, la no negación de que fumar es una conducta adictiva, o dicho de otro modo, la asimilación de lo que supone a su vez, contemplarse, quizás por primera vez, en toda su magnitud, como una persona dependiente del consumo de tabaco, y no como una persona fumadora.
La importancia de esta proceso reflexivo e identificativo es crucial para la decisión que queremos tomar, ya que de esta reflexión saldrán los pilares de motivación que enfatizarán nuestro cambio de actitud y de comportamiento. Éste es el primer paso para dejar de fumar con una probabilidad de éxito concreta.

DE LA DECISIÓN A LA ACCIÓN

Una vez que queremos y necesitamos dejar de fumar, aparece de forma inmediata otra idea, la de saber cómo podemos hacerlo. El reconocimiento de la ayuda es vital para el éxito en el intento de la persona que desea abandonar el consumo de tabaco. Pero igualmente es importante saber quién nos está ayudando, cuál es su experiencia y cómo nos proporcionará dicha ayuda. Una primera recomendación, si va a dejar de fumar, solicite ayuda a su médico de familia de su Centro de Salud.
Una vez planteada la decisión de intentar dejar de fumar y de solicitar la ayuda adecuada, el siguiente paso está en saber que no existe nada, ninguna sustancia sustitutiva del tabaco que a día de hoy haga que la persona que deja de fumar se mantenga abstinente a su consumo. En el consumo adictivo de otras sustancias, en su proceso de deshabituación se desarrollan protocolos terapéuticos de sustancias sustitutivas placebas, otras sustancias que proporcionan efectos similares a la sustancia que está siendo deshabituada. Pero en el tabaquismo, no ocurre eso, no hay ninguna sustancia que sustituya al tabaco, aunque sí existen tratamientos sustitutivos de nicotina, la sustancia que en el tabaco es la responsable de generar en la persona su adición física al consumo.
Sin embargo las personas fumadoras que deseen dejar de fumar, tienen en ellas mismas la solución para abandonar el consumo, ya que cualquier proceso de dependencia a una sustancia se solventa, y en nuestro caso de forma concreta en el consumo de tabaco, se soluciona como digo, con la capacidad que la persona tenga para mantener su decisión en el tiempo de no fumar, es decir la firmeza y solidez de mantener en el tiempo la decisión de hoy no fumo. Esta decisión mantenida día a día es lo que hará que la persona fumadora se convierta en exfumadora.

SI ESTAMOS DEJANDO DE FUMAR, RECORDAR

Algunos consejo prácticos que pueden ayudar a la persona que ya ha tomado la decisión de dejar de fumar:

Renueve día a día su objetivo.

Su lema para mantenerse sin fumar, podría ser hoy no fumo, mañana ya veré. Este lema es efectivo porque asume el objetivo día a día, lo que evita la ansiedad de pensar que nunca más fumará en toda su vida. En los primeros momentos es recomendable mantener la abstinencia de este modo porque además la decisión recae sobre usted mismo, por lo que no existe excusa ni justificación y sí una asimilación de responsabilidades, lo que le fortalecerá su autoestima en el día a día, tras lograr la abstinencia.

Beba abundante agua o zumo.

Al menos 3 litros diarios. La eficacia del consumo de líquido se sustenta en la eliminación física de la nicotina en el aporte sanguíneo, por lo que la dependencia física al consumo de tabaco se superará antes.

Rompa asociaciones.

Las asociaciones son los comportamientos o conductas que hemos desarrollado inmediatamente antes o después de encender un cigarro en nuestra época de persona fumadora. Estas asociaciones que estableció mientras fumaba, su mente las tiene bien aprendidas, por tanto echará en falta el comportamiento asociado, es decir fumar, e intentará provocar que usted fume. Para vencer esta dependencia psicológica, usted debe dirigir su atención mental a otro pensamiento diferente, distráigase. Recuerde que el pensamiento de “me apetece fuma” dura escasamente 8 segundos. La importancia de controlar estas secuencias de pensamientos está en que si se logra neutralizar el pensamiento que anticipa el consumo, irán minimizándose la intensidad con la que los síntomas del síndrome de abstinencia se manifiestan y por lo tanto irá aumentando su control situacional de consumo.

Sepa siempre.

Que en estados de privación, en abstinencia su cuerpo y su mente reaccionarán y consecuencia de dicha reacción aparecerá algunos síntomas del síndrome de abstinencia tabáquico. Afrontarlos, es decir no fumar hará que desaparezcan antes, mientras que si fuma, evitará la sintomatología y aumentará en próximas manifestaciones tanto el número de síntomas que aparecen como la intensidad con la que se presentan, o lo que es lo mismo usted anticipará su recaída.

Su cuerpo le agradecerá.

Desde el momento en el que usted deje de fumar, su cuerpo comenzará a percibir las siguientes mejorías o beneficios que garantizan que su decisión fue la acertada. Si aparece una tos seca en el pecho que posteriormente se pasa a la garganta acompañada de esputo, sepa usted que su cuerpo se está regenerando. Apacigüe la tos, serán escasamente cinco días  y después notará como se fatiga menos, como respira mejor, como se cansa menos subiendo escaleras como su olfato ha mejorado, como duerme mejor, etc.

Recompense su decisión.

Esté siempre atento a todas las mejorías físicas y psíquicas que le ha aportado su decisión porque dichas mejorías son la diferencia entre fumar y no fumar.

 

Sea consciente de que la diferencia entre fumar y no fumar es tan básica como la de dar una sola calada. Atribuya a una sola calada la capacidad de frustrar su intento, de hacerle nuevamente fumador, de no superar su dependencia, y no crea falsamente, que usted siempre que quiera puede controlarlo. Es precisamente la falsa controlabilidad la que explica el mayor número de casos de recaídas tras períodos largos de abstinencia. Es decir que después de un período de abstinencia, usted creyó que por uno solo no pasaba nada, y un mes después, vió realmente lo que sucedió. Debe asumir que la abstinencia es un modo de vida válido, real y posible, y como tal se expresa aumentando su calidad de vida y estado de bienestar, dos buenas razones para plantearse dejar de fumar.

MEJORÍAS FÍSICAS POR DEJAR DE FUMAR

1. Veinte minutos después del último cigarrillo

  • La presión arterial baja a cifras normales
  • La frecuencia cardíaca recupera los niveles normales
  • La temperatura de las manos y de los pies aumenta hasta valores normales

2. Ocho horas después de dejar de fumar

  • El monóxido de carbono de la sangre se normaliza
  • El oxígeno en la sangre se normaliza

3. Veinticuatro horas después de dejar de fumar

  • Disminuye el riesgo de un ataque al corazón

4. Cuarenta y ocho horas después de dejar de fumar

  • Las terminaciones nerviosas se acostumbran a la ausencia de nicotina.
  • Mejora el gusto y olfato

5. Setenta y dos horas después de dejar de fumar

  • Los bronquios se relajan, lo que lleva a respirar mejor
  • Incremento de la capacidad pulmonar

6. Medio mes a tres meses después de dejar de fumar

  • Mejora la circulación
  • Es más fácil caminar
  • La función pulmonar mejora en un 30%

7. De 1 a 9 meses después de dejar de fumar

  • Disminuye la tos, la congestión nasal, la fatiga y la sensación de ahogo.
  • Aumenta la sensación de bienestar.
  • Mejora la capacidad para limpiar el pulmón y disminuyen las infecciones.

8. Cinco años después de dejar de fumar.

  • El riesgo de morir de enfermedad cardíaca es igual al de los no fumadores.
  • El riesgo de morir por enfermedad pulmonar disminuye a la mitad

9. Diez años después de dejar de fumar

  • El riesgo de morir de cáncer de pulmón es similar al de los no fumadores
  • Reducción a niveles equiparables a los que nunca han fumado de padecer cáncer de boca, laringe, esófago, vejiga, riñón y páncreas

Última actualización de la pagina: 06-08-2008

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