La enfermedad de Wegener, un reto para los especialistas
Durante 53 años, C. P. S. disfrutaba de una vida muy activa en contacto con los animales y la naturaleza. Dar largos paseos, caminar por el campo con sus perros o cuidar de su jardín eran algunas de las aficiones que C. P. S tuvo que dejar de practicar en un corto periodo de tiempo. La libertad de esta santanderina afincada en Granada se redujo a la inmovilidad del sofá y la dependencia de su marido cuando sus miembros comenzaron a fallarle. El año 1999 quedará grabado por siempre en la mente de una mujer inquieta que vivió muy de cerca la angustia diaria de una enfermedad incierta.
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